“Por el Aculadero”

El Paseo del Aculadero ya con sus luces nuevas en la noche de este miércoles.

El Paseo del Aculadero. / A.C.

Daniel Bastida (Tribuna libre).- Existe en El Puerto un paseo que, naturalmente, la gente empezó a usar para tal fin, es decir, pasear, pero también para trotar, correr, e incluso recorrerlo en bicicleta. Para quemar calorías, en definitiva. Se trata del paseo del Aculadero que bordea un espacio forestal de gran valor ambiental y recreativo como es el Parque Periurbano Dunas de San Antón.

La Playa del Aculadero, donde con la bajamar se hace visible una laja o superficie rocosa -autentico paraíso para los amigos del marisqueo furtivo-, y donde el yacimiento excavado a finales de los años 70 del siglo pasado proporcionó miles de objetos del Paleolítico Inferior Arcaico, es un paraje que muchos portuenses no valoran lo suficiente y del que recientemente llegan noticias acerca de un ‘gaticidio’ en serie cometido por los desalmados de siempre y del estado de dejadez que se encuentra debido al sempiterno arte grafitero que es ya norma habitual en muchos lugares de la ciudad. Aún así, nos consta que se va a poner arreglo a estos asuntos que llevan tiempo sin solucionar, y para quien le sirva de consuelo, el lugar ya no es la boca del lobo al anochecer de antaño pues al menos se colocaron unas más que necesarias luminarias algo de lo que no fue capaz el anterior gobierno en ocho años.

Al principio de este saludable camino, los no iniciados en la gnomónica pueden verse sorprendidos por la presencia de una pirámide trapezoidal -garabateada, por supuesto- con toda una muestra del proverbial saber latino acerca de la condición humana. Sí, esa cosa es nada más y nada menos que un  reloj de sol que el Plan de Costas del año 85 colocó allí cual tótem para dar fe mediante placa adherida de la obra del por aquel entonces Ministerio pertinente. Es posible que más de un caminante no se haya detenido a leer las cuatro leyendas en latín que en él figuran (Carpe diem, Opera manent, Futurum incertum, Tempus fugit), y aún necesitando el cuadrante solar un lavado de cara y el achique de las negruzcas aguas estancadas en la pileta de la base, es obligado detenerse para entender de nuevo que la impronta de los filósofos clásicos provoca que reflexionemos.

Siguiendo con el caminar, a un lado las dunas, y al otro el mar, y a resguardo de la piedra ostionera, una colonia de mininos de todos los colores y de aspecto rollizo, y aunque la caminata se hace cuesta arriba, ya se divisa el final al que llegamos tras sortear algún que otro cortapichas (vocablo genuino portuense) y la obligada caquita canina que no puede faltar. Lo normal por estos lares.

Ya en el cenit, junto a la pérgola, divisamos el popular chiringuito de La Calita o lo que queda de él, y las vistas de la Bahía y su litoral menguadas por un prodigio de la arquitectura denominado Centro de Alta Tecnificación Deportiva de Vela cuyo impacto paisajístico resulta tan ‘porculero’ como oír a los mismos que antes debieron cuidar y ahora lamentan por este nuestro maravilloso paseo del Aculadero.

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