“Que viene don Carnal”

Gala de Coquineras y Coquineros 2017. / P.P.M.

Gala de Coquineras y Coquineros 2017. / P.P.M.

Daniel Bastida (Tribuna libre).- Tras la presentación del Cartel anunciador y la elección de las coquineras/os, puede decirse que en El Puerto la risa y la guasa se cotizan al alza a partir del ya inminente próximo mes de febrero. Y es que aún no se ha repuesto la gente de la tan temida cuesta de enero y ya se nos ha echado encima don Carnal y sus respectivos festejos.

Arrancan los actos carnavaleros en la ciudad después de que se le haya puesto el antifaz pertinente a un astado en algo que parece más el anuncio de la temporada taurina estival que otra cosa. En lo que respecta a la gala de los guapos/as que representarán a la ciudad, resaltar la novedad de incluir al varón también como elemento “ornamental” de la fiesta porque él lo vale. Con poca presencia de candidatos/as y donde el descanso duró más que el propio acto en sí, se espera que para la próxima edición cuaje este experimento de paridad de género mientras en otra localidad vecina se dice adiós al concurso de Ninfas y Diosa. Los tiempos están cambiando.

Lamentablemente, es una fiesta que ha perdido gas en la ciudad por ineptitud y menosprecio de políticos y técnicos adjuntos a la respectiva Concejalía durante legislaturas anteriores, no obstante, resulta harto complicado, por muy malos que sean éstos, acabar con un festejo sin parangón y con tanto arraigo. Aún así, ahí están las peñas y el pueblo para conseguir que la celebración vuelva  a ser lo que fue en otros tiempos.

La grandeza del Carnaval está en lo barato que vende su algarabía. Para expresarse, se vale de poco, de lo justo. Para alcanzar la felicidad, basta con una garganta libre, unas cuerdas al viento y un corazón abierto; un te quiero, arropado por un canto agudo de la guitarra, puede ser la mejor de las serenatas; un piropo a ese amor inconfesable dicho en unos versos con rima.

El Carnaval es la riqueza de lo elemental. La parquedad puede transmitir más que mil palabras juntas, si se dice con el alma desbordada. El requiebro de una voz es capaz de acunar amablemente, con una hermosa melodía, nuestra existencia en estos días precuaresmales en los que al llanto siempre se le puede poner unas lágrimas de alegría que brotarán del único pozo que nunca se seca: el de la sabiduría popular.

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