“Centro histórico”

Vista del centro histórico portuense con un cartel del CCA a la izquierda.

Vista del centro histórico portuense con un cartel del CCA a la izquierda.

Daniel Bastida (Tribuna libre).- Después de unas fiestas navideñas en las que se han hecho las cosas mejor para que la gente acuda al centro a pasear y a tomarse las uvas, toca seguir trabajando para que entre todos levantemos el centro histórico en este recién estrenado año.

Para ello, es menester aúnen fuerzas diversas concejalías, comerciantes y, también, los propios portuenses. ¿Para cuando un nuevo Plan Especial del Casco Histórico?  Se truncó en 2007 cuando se decide que en vez de hacerlo con el PGOU se separe y entonces en 2009 se saca un contrato por el que se adjudica a la empresa Territorio y Ciudad un estudio que costó 60.000 euros del ala (el famoso Pepryche) que iba a estar en febrero de 2010 y del que sigue sin saberse nada tras seis años dando vueltas. Un auténtico lastre para la economía local y especialmente para el comercio, sector de restauración, hostelería y otras actividades desarrolladas en el  ámbito de protección.

Si dar un paseo por el centro de cualquier ciudad debe ser motivo de orgullo por la historia de calles y edificios, hacerlo por el decimonónico casco viejo de El Puerto puede causar una sensación tétrica al presenciar como innumerables inmuebles se encuentran en un estado deplorable. Lonas, cornisas que amenazan con desprenderse y vallas amarillas oxidadas que advierten de un peligro al transeúnte son la estampa común en numerosas vías. Resulta dañino a la vista -y también al corazón- contemplar todas esas viviendas y solares en estado de abandono que proliferan a cada esquina, dando la impresión de que nuestro centro ha tornado de histórico a reumático con el transcurrir de los años. Es inevitable ir por ahí sin fijarnos en lo que esta a nuestro alrededor, quizás pensando, ¡qué lastima, otra casa abandonada! ¿Qué le vamos a hacer? Una de dos: permanecer impasible o remediarlo con políticas adecuadas para no perder el contenido de los bienes vinculados con la historia de nuestra ciudad, a partir de la cultura que le dio origen, y para que ese turista que tanto se le espera no rehúya o no se cuestione si hemos sufrido algún conflicto bélico recientemente.

La enfermedad es antigua, crónica. Mientras poblaciones del entorno empleaban medidas para revitalizar y adecentar sus cascos históricos, aquí andábamos enfrascados en levantar glorietas y en desmadres urbanísticos varios, todo ello en vez de aplicar un proyecto para recuperarlo, crear un centro de documentación en relación a las estructuras patrimoniales que permita tener el registro del estado en el que se encuentra, y un plan de vivienda para los jóvenes. Un problema añadido es el peligro para la seguridad ciudadana en numerosas fincas ruinosas que son propicias para crear situaciones que incumplan la ordenanza de convivencia que sigue guardada en un cajón.

Por otro lado está el inconveniente de la adquisición de los suelos. Los propietarios (la mayoría entidades financieras) se niegan a vender o piden cifras elevadas), existiendo la falta de conexión con zonas de actividad económica ya que no puede basarse la recuperación en los usos residenciales.

En El Puerto cuando no hay dinero, los edificios se hunden solos. Cuando lo hay es peor, dejamos nosotros que se caigan.

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