“Recordando a Telepuerto”

Rafael Tardío, al micrófono, entrevistando a Alejandro Morilla y Gregorio Cruz Vélez, tras las cámaras Margarita y Antonio, durante una fiesta navideña en una bodega local. / gentedelpuerto.com

Rafael Tardío, al micrófono, entrevistando a Alejandro Morilla y Gregorio Cruz Vélez, durante una fiesta navideña en una bodega local. / gentedelpuerto.com

Daniel Bastida (Tribuna libre).- La reciente y repentina pérdida del realizador José Hormigo, quien fuera uno de los técnicos de la desaparecida televisión local TelePuerto, hace que muchos portuenses recuerden con nostalgia, o sin ella, a la emisora que durante tantos años fuera el escaparate del “nandismo” (de Hernán Díaz) cuya programación rancia y gris mostraba las excelencias de una ciudad que se expandía durante la época del pelotazo urbanístico.

Aunque nadie decía que la veía, lo cierto es que la ventana televisiva del aquel equipo de gobierno independiente auspiciada por comerciantes y firmas hosteleras de prestigio, auparon a una cadena con escasos recursos a cotas de audiencia inesperadas a pesar de esos espectadores que renegaban de ella bien por el sentimiento de querer distinguirse de los gustos comunes del populacho, o bien por el sentimiento de vergüenza ajena que ocasionaba admitir ser seguidor de semejante subproducto televisivo. Y es que en cuanto a gustos como espectador, cuando se trata de expresar lo que a cada uno le gusta o no, hay que andarse con cuidado por el que dirán y por lo políticamente correcto, algo que siempre ha ocurrido con la caja tonta desde los tiempos en blanco y negro de “Crónicas de un pueblo” hasta los actuales en color del “Sálvame” y demás esperpentos en 625 líneas.

De lo que no cabe duda es del valor del archivo videográfico que dejó la emisora, con imágenes de la ciudad y sus gentes durante casi veinte años y que quizás ande depositado en alguna nave industrial enmoheciéndose junto con el recuerdo de aquellos maratonianos programas conducidos por el mismo presentador, y el de los informativos editados de manera peculiar donde una noticia concerniente al regidor y su entorno político duraba el doble que las restantes.

Fueron muchas las expectativas que se depositaron en la tele de El Puerto en sus inicios para que posteriormente no se llegasen a cumplir, no obstante sus dueños siempre sintieron satisfacción con lo que ellos creían era un producto de calidad para el pueblo. Una mala administración, incompatibilidades ideológicas de diverso tipo, y las dificultades de la plantilla para ejercer su desempeño con plenas garantías fueron su seña de identidad y a la postre los males que impidieron fuese un medio serio como se merecen los ciudadanos. Todo esto unido a la pérdida del tren de las nuevas tecnologías audiovisuales y la nula renovación de su estructura llevaron a su despedida y cierre. Recordar a profesionales como Rafael Tardío que junto con el esfuerzo desinteresado de muchos colaboradores lograron que, finalmente, se hiciera una programación más o menos digna durante aquellos malos tiempos para la lírica.

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