“Más luces y zambombas”

Tempo de zambombas y cotillones.

Tiempo de zambombas y cotillones.

Daniel Bastida (Tribuna libre).- Ya se advierte la cercanía de las fechas más entrañables del año una vez encendido, a toda carrera, el alumbrado de navidad, y dado a conocer el calendario de los espectáculos aflamencados denominados zambomba o zambombá; como se quiera acentuar.

Este año, sorprende la inmediatez con la que empieza la festividad en El Puerto después del retraso que sufrió en anteriores ocasiones cuando se llegaron a instalar las luminarias en las calles tres días antes de la Nochebuena porque al responsable se le olvidó estando de viaje por ahí.

Es de agradecer que esta vez vayan mejorando las cosas, y los concejales y técnicos de la cosa festiva se hayan puesto las pilas prontito mientras se reza para que todo salga bien y Endesa no agüe la fiesta porque hay que tener iluminado y entretenido al pueblo hasta el 6 de enero del próximo año.

Seguramente que, aun con las carencias de diverso tipo durante el resto del año, a algunos les resulte gratificante ver estos días como resplandece la ciudad a base de más luces y más actos donde se hará homenaje a un instrumento musical tradicional formado por un cilindro hueco y cerrado por un extremo, con una piel tensa y una varilla central que emite un sonido ronco y monótono que animará durante un mes bares, discotecas, restaurantes, asociaciones de vecinos, sedes de partidos políticos, el teatro municipal, hermandades, peñas flamencas, centros educativos, hoteles, y entidades culturales. Hagan caja, señores. Y es que aún ni va de camino hacia Belén una burra, rin, rin, cargada de chocolate, y la borrachera de arte y compás hace tiempo que comenzó.

Notoriamente, la fiesta distintiva de la Navidad jerezana empieza a ser también portuense aun cuando aquí ni se es la cuna del flamenco ni del cante por bulerías pero la cercanía con la vecina localidad ha logrado hasta que se le dedique la próxima Feria de Primavera y del Vino Fino en reconocimiento a la influencia que siempre ha ejercido por aquí, existiendo todavía un sector de la población que sigue prefiriendo desplazarse a los “jereles” a realizar las compras navideñas antes que a ningún lado.

Independientemente de lo subjetivo que puede resultar clasificar este folklore como genuino o adquirido, con origen en las reuniones que se organizaban en las casas de vecinos, al caer la noche, durante fechas tan señaladas, es palpable su privatización cuando antes no costaba dinero entrar y ni se cobraba nada por lo que se consumía y ahora se contratan grupos para que canten, barras y camareros, equipos de música y disc-jockeys. Con esto, ahora las Pascuas son otra cosa, es decir, se ha cambiado la bufanda, la pandereta, los pestiños y el anís por cantarle al marinerito Ramiré disfrazado de farruco donde la algarabía irá unida a un profundo sentir religioso con mayor o menor espectáculo.

Habrá quienes opinen que esta tradición no reviste la solemnidad y compostura que una celebración religiosa requiere, la tachen de decadente o consideren evitar una zambomba incluso en el telepizza, mientras otros rendirán culto con fervor a uno de los estribillos más enigmáticos e indescifrables de la música popular: “pero mira cómo beben los peces en el río, pero mira cómo beben por ver a Dios nacío”. Feliz zambomba a tod@s.

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