“Quiero mi week”

Miembros de la organización del Shorty Week en un evento reciente.

Miembros de la organización del Shorty Week en un evento reciente.

Daniel Bastida (Tribuna libre).- Mígue, Lolo, y Jonathan son tres jóvenes emprendedores de El Puerto. A todos les une una misma afición: su pasión por  los juegos de rol y todo ese universo friki. Como son muy activos (aunque estén desempleados pues está la cosa muy chunga por aquí), han decidido moverse y hacer algo que les guste y, a la vez, les reporte a la larga algún tipo de rédito. Nadie se mete en berenjenales por amor al arte y ellos, obviamente, no van a ser menos.

En vista del auge que ha cobrado en la ciudad los llamados festivales y actos culturales denominados con el sufijo -week (Monkey, Shorty, Sherry), han decidido que ellos también quieren su “güik” particular porque aman a la cultura y a su ciudad, y desean revitalizar la alicaída escena cultural y turística. Saben que el panorama actual no es el idóneo para pedir, pero consideran que si otros lo han conseguido y luego despegaron rumbo a otras tierras, ¿por qué no va a suceder lo mismo con este Festival  RolWeek?

Para empezar, tienen pensado contactar con distintas concejalías con el objetivo de ir recaudando dinerito pues los tres están caninos de pasta, no obstante, a sabiendas de las dificultades económicas por la que atraviesa un consistorio al que le cortan la luz o que regala una tacita para tomar el colacao a los colaboradores de un medio radiofónico, piensan que el negocio es factible.

Tienen planeado además establecerse como una asociación cultural con iniciativa privada, con lo que únicamente queda el beneplácito de los distintos jefes de las áreas municipales pertinentes y su posterior mecenazgo, unido al inestimable apoyo de  comerciantes, hosteleros, firmas patrocinadoras, y algún que otro medio de comunicación. Calculan un presupuesto no muy alto, con el único escollo de la urgencia con la que necesitan los pagos de las ayudas en metálico (que no en especies), y pendientes del éxito que tenga o no la campaña de recogida de fondos para realizar el festival iniciada a través de un crowdfunding en Internet. Con todo, esperan que la gente se rasque el bolsillo, pues hay que levantar El Puerto con este tipo de actos culturales, premeditando las distintas trabas que puedan surgir, pero si la ciudad ni era cuna de grupos indies que cantaban en inglés, ni de tradición cinematográfica, ¿por qué no va a ser a partir de ahora un entorno inigualable mientras disfrutas de juegos de mesa, juegos de rol (algunos de ellos en vivo), juegos al aire libre, talleres, concursos, demostraciones, campeonatos y mucho más. Valor y al toro, muchachos.

Puede que esta historia  -real o de ficción-  fructifique, ahora bien, sería recomendable, por si acaso, que el gobierno municipal estudiase posibles soluciones al problema de la deslocalización de los weeks  para que no se vuelva a dar, como, por ejemplo, solicitar a cualquier iniciativa privada cultural y artística que se nutra de fondos públicos un compromiso de permanencia en la ciudad durante el periodo de actividad de ésta, incluyendo la penalización de reembolsar las cantidades aportadas en caso de incumplirlo. Otra opción puede ser encargar a una consultora externa especializada (esto gusta mucho a alguna que otra concejalía con escaso nivel resolutivo ante un problema) un estudio acerca de la espantada y huída de los festivales y las causas por las que se piran.

Esperemos que en un futuro se hagan las cosas mejor por los dos bandos ya que son los portuenses y la marca El Puerto a quienes directamente perjudican estos desaires entre ayuntamiento y festivaleros, pues al final lo que consigue originar esta falta de entendimiento es que, desde el desconocimiento de las circunstancias, la opinión pública manifieste que unos son unos avaros maliciosos y los otros unos exigentes desagradecidos que optan por recurrir al portazo y la maleta utilizando la expresión que dijera Godoy: “Que os den por el culo que yo me voy”.

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