“Celso Ortega in memoriam”

Último adiós a Celso Ortega este domingo en la Plaza de Toros de El Puerto. / P.P.M.

Último adiós a Celso Ortega este domingo en la Plaza de Toros de El Puerto. / P.P.M.

Alamares (Tribuna libre).- El matador de toros portuense Celso Ortega falleció en la madrugada del sábado. Nos ha dejado sin despedirse, en silencio, sin brindarnos un último toro que siempre soñó torear en su Plaza Real.

Se ha marchado en la etapa de la vida en la que las personas se encuentran alcanzando el punto álgido de la madurez. Vivió siempre con corazón de torero, pues nunca se cortó la coleta, aunque llevaba un tiempo apartado de los ruedos. Y ese corazón dio una última verónica, tan lenta que se paró el reloj, pero esta vez para siempre.

Celso Ortega no tuvo suerte en el difícil arte de Cúchares. Su calvario con los aceros le privó en más de una ocasión conseguir hacerse un hueco en el escalafón superior. Otras veces los despachos impidieron su proyección. En cualquier caso, vivió en torero, y jamás se apartó del mundo del toro. Andaba ilusionado con torear varios festivales, y para ello se estaba preparando. En breve iba a viajar a América para ejercer de veedor de Julián López “El Juli”.

Tomó la alternativa en El Puerto el 29 de mayo de 1988, siendo padrino Paco Ojeda y testigo Litri, con toros de la ganadería sevillana de Gabriel Rojas. La última vez que se vistió de luces ante sus paisanos fue el 24 de agosto de 1997, alternando junto a Domingo Valderrama y Juan José Padilla, en el retorno a El Puerto tras muchos años de ausencia de los toros de Miura.

En esta ocasión no ha sido un toro el que se ha llevado su vida por delante. Tampoco el toro de la carretera, que tantas víctimas ha dejado por el camino. Esta vez ha sido el toro de la vida, un manso pregonado, aculado en tablas, con un peligro sordo, orientándose, sabiendo muy bien dónde estaba su presa.

Dicen que los toreros valientes salen todas las tardes dispuestos a abrir una puerta. La de enfermería o la puerta grande. Y ésta es la que ha enfilado su cuerpo yacente, en lo que ha sido el homenaje de despedida que le han rendido sus paisanos y sus compañeros de profesión.

Descansa torero, descansa en paz, y que la tierra te sea leve.

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