“Y ahora el parking”

Pozos Dulces a la espera...

Pozos Dulces a la espera…

Daniel Bastida (Tribuna libre).- Y ahora el parking. Visionando uno de esos magníficos documentales donde se detallan con realismo y exactitud la edificación de las pirámides de Egipto, es inevitable que surja la siguiente interrogante: ¿cómo lograron esas gentes levantar esas moles de 146 metros de altura empleando cerca de 2,3 millones de bloques de piedra, con un peso medio, cada uno, de 2,5 toneladas? Misterio. También es otro misterio saber cuándo llegarán a su fin las obras del centro de la ciudad (calle Larga, por ejemplo), las cuales duran ya varios meses, de momento.

Por si esto fuera poco, ahora avisan de que ya, por fin, esta vez sí, van a construir uno de los dos parkings de la discordia, esto es, el de Pozos Dulces, con lo que el lugar pasará de ser un “descampao” de rematojos a un caos de tierra levantada y máquinas excavadoras durante catorce meses, o eso dicen…Veremos cuanto tiempo transcurre realmente para que se materialice este polémico “regalito” que nos dejó el anterior equipo gobierno, un proyecto lleno de contratiempos que ha contado con la oposición de algunos colectivos ciudadanos y al que los actuales regidores no pudieron “tumbar”, como era previsible. Mal asunto también éste  para la numerosa colonia de roedores que habitan por la zona que deberán emigrar a otra.

El caminar por algunas céntricas calles de El Puerto se ha convertido, por   lo accidentado del terreno, en un deporte de alto riesgo con unas condiciones muy desfavorables: cornisas que se caen, vallas olvidadas y mal colocadas, rocas, pendientes pronunciadas y resbaladizas… Lo agreste del piso en algunas zonas del callejero portuense es digno de mención, con trayectos tan irregulares que han convertido caminos en travesías de trekking. En el aspecto técnico o cómo se arreglaron algunas vías, la semipeatonalización del centro que algunos iluminados perpetraron años atrás pretendiendo con ello dinamizarlo dejaron  casos deplorables como el de la señera calle Vicario, en pleno corazón del pueblo, donde calzada y arcén se confunden precisándose hacer uso de la imaginación para evitar ser atropellado por el imprudente de turno.

Aparte de los peatones, los realmente perjudicados de estas flemáticas reformas son los comerciantes, siendo el caso que algunos negocios han cerrado, y otros contemplan con zozobra como menguan las ventas. La visión para las asociaciones de comerciantes -ese asociacionismo tan beneficioso para unos, pero tan perjudicial para otros-, no es tan alarmante como para los empresarios a título particular, una discordancia que da para pensar acerca de la situación política que se vive en la zona. En otro sentido, cierto es que numerosas tiendas del casco antiguo han tenido que cerrar más por la inoperancia de sus propietarios, a la hora de adaptarse a las nuevas tendencias, que por la competencia de las grandes superficies.

Al final de todo, aún cumpliéndose las previsiones de los más optimistas acerca del futuro del comercio en la ciudad, la incertidumbre reina entre comerciantes y ciudadanos. El recelo aumenta en cuanto al supuesto beneficio económico que reportarán las mejoras urbanísticas ya que, a excepción de las sacas de billetes que dejan los de Securitas en los numerosos bancos y cajas de ahorros, ni entra riqueza ni se invierte en franquicias.

 Ojala que la ya manida cantinela “el centro está muerto” se destierre para siempre algún día, porque el centro no esta muerto ni lo estará nunca, lo que está es patas arriba y falto de cariño. ¿Será el futuro aparcamiento subterráneo en la entrada de la ciudad el remedio a todos los males? Solo el tiempo lo dirá.

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