Cicatrices

En busca de un sueño.

En busca de un sueño.

Jesús Graván (Tribuna libre).- Muchas veces piensas en abandonar. Muchas no, la mayoría de las veces, en esta profesión tan difícil a la que nos intentamos dedicar algunos como es el cine, piensas en que todo lo que hagas, jamás va a servir para nada. Un problema tras otro inunda todos tus sentidos. La impotencia se agarra a tus dientes y hace que te muerdas los labios. La tristeza se adentra en lo más hondo de tu piel y te sientes solo y abandonado. En ese justo momento te dices a ti mismo que eres un inútil y sientes como tu propio fracaso se ríe de ti a carcajadas y te dice: “¡Pero qué haces, payaso. No ves que jamás lo conseguirás, que sólo eres un maldito imbécil que no vales para nada. Abandona ya. Déjalo, no ves que te estás enfrentando a mí y yo jamás dejaré que salgas vivo de aquí. Te amordazaré, te escupiré, te azotaré, esposaré y encerraré entre rejas si hace falta…”.

La mayoría de los días el desastre te salpica y piensas en que ya nada tiene sentido, por lo que le contestas al fracaso dándole la razón. Él te extiende el brazo y te da la toalla. Tú la coges entre tus manos. La hueles, la sientes, la abrazas y ella te habla para convencerte de que lo mejor es que la arrojes al suelo. Quiere que la tires, que la estrelles contra el asfalto.

Pero entonces ocurre algo mágico. Oyes una especie de silbido. Una voz lejana que arrastra otras voces. Decenas, cientos de voces se dirigen hacia ti: la voz de una amiga que te dice que se ha emocionado con una de tus escenas; una madre que te hace saber con un gesto que estará ahí para lo que necesites, el bonito mensaje de una compañera que te dice que le has regalado un personaje que se guarda dentro para siempre; la música celestial de otro compañero que te dice que no todo es tan negro como tú lo ves y que el resultado es bueno; las palabras de tu pareja que te ofrecen una solución al problema económico que tú has provocado por tu estúpida cabezonería de dedicarte a esto del cine, que encima es una profesión que tú sabes que te aparta de los tuyos. Aparecen todas esas voces y te das cuenta de que no estás tan solo como parecía y que tampoco el mundo es tan negro o tan gris como las películas que tú mismo te montas en tu cabeza.

En fin, que no quiero terminar este artículo o lo que puñetas sea esto, sin acordarme  de todos esos locos y locas que nos levantamos cada día intentando dedicarnos a esto del arte, porque lo amamos tanto como a nosotros mismos. En especial, quiero acordarme de todos los que nunca lo consiguieron: aquel poeta del que nunca nadie leyó ningún verso; aquel pintor que no vendió nunca ni un maldito cuadro mientras vivía, aquel que escribió decenas de guiones y nunca consiguió hacer ninguna película o aquel que emborronó cientos de cuadernos y nunca publicó ninguna novela, muriéndose al final de hambre. Quiero con estas palabras revivirlos a todos y a todas; y decirles que lo importante es que aquello que hicieron, lo hicieron con el corazón, por lo que no pudo ser nada malo. ¡Va por vosotros y por tod@s los que me habéis ayudado hoy a levantarme, porque gracias a ello, mañana amanecerá un nuevo día. Un día perfecto para seguir con la locura, un día perfecto para seguir escribiendo el cuaderno de rodaje de nuestras cicatrices.

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