“El tren de Rota”

El portuense Daniel Crespo en la novillada del sábado. / Bellido.

El portuense Daniel Crespo en la novillada del sábado en El Puerto. / Bellido.

Alamares (Tribuna libre).- En el siglo pasado existía una conexión ferroviaria que unía El Puerto con Sanlúcar de Barrameda, pasando por Rota y Chipiona. Era lo que conocíamos como el tren de Rota. En su trazado nunca hubo una catenaria, y de la máquina de vapor se fueron sucediendo convoyes hasta el último ferrobús que era de gasoil.

Al llegar a la altura del Molino Platero, el terreno se hacía cuesta arriba, y los machotes aprovechábamos para bajarnos con el tren en marcha, hacer nuestras necesidades en el campo, y volver a subirnos. El tren no podía con la carga, y tras miccionar, casi no había avanzado.

La novillada del sábado por la tarde en la Plaza Real, se pareció al famoso tren de la costa o tren de Rota. Te podías marchar a orinar y al volver, prácticamente no había avanzado el festejo. Casi tres horas duró, y ¡sólo se cortó una oreja! Y la música estuvo ausente, como también lo estuvo el Sr. Alcalde, que quizá no se enteró que hacía el paseíllo el único portuense anunciado en los carteles, y además como debutante ante sus paisanos. Alejandro Morilla, que celebra el décimo aniversario de alternativa, se tuvo que conformar con prestar sus conocimientos en la radio local.

No sé si es que como el Sr. Alcalde no es de El Puerto, no considera a Crespo convecino. O a lo mejor, estaba haciendo cola en la puerta del club social de Las Redes, esperando a que le dieran el carné por la patilla. Que no, D. David, que en Las Redes no hay árbol del ahorcado. Seguro estoy que el sábado ocupará una buena localidad para ver a Morante, o mejor dicho, para que le vean. E igualmente estoy convencido que la banda no escatimará partituras para contentar a las figuras y engarzará un pasadoble tras otro.

Los noveles no son merecedores de conchas ni óperas flamencas. Hasta hubo quién gritó en el tendido: “to la música pa Morante”. Por algo sería… No supieron estar a la altura. Y quien sí lo estuvo fue el mozo de espadas de Crespo, José Antonio Talaverón, que vestía un traje azul marino con corbata rojo pasión, dando categoría a la plaza y al acontecimiento. Sí señor, eso es un “mozo espá bien vestío”.

En lo puramente artístico, lo que aconteció era más o menos esperado. Tres novilleros con estilos diferentes, con “cositas”, pero con un denominador común. Les faltó “estar en novillero”. Se ve que el dicho “más cornás da el hambre” pasó a la historia. Ya lo aseveraba Justo Ojeda: “los novilleros de hoy, parece que van a la ópera. No se manchan ni el traje de luces”. Y es que, para ser alguien en este difícil arte, hay que dar un pasito más. No se les puede negar a los novilleros cualidades, pero ninguno destacó en el aspecto del arrojo y la ambición.

Daniel Crespo tiene un corte artista, con unas maneras de torero despacioso, elegante, con figura erguida, sin aspavientos, y con buen sentido de la lidia. Gran detalle llevar a su primer enemigo al caballo con un galleo por chiclelinas, que nos hizo recordar las grandes tardes de Galloso. Con la muleta, pasajes de desmayos, naturales y trincherillas. Faena de más a menos, ante un novillo descastado. Calentó al respetable pero se diluyó el triunfo por el fallo con los aceros. En su segundo, ante un novillo por el que nadie apostaba, porfió hasta sacarle tres tandas en el ocaso de la faena que caló en los tendidos lo que le valió una oreja.

Pablo Aguado, dio la impresión de ser el novillero más placeado. O por lo menos el que arreó un poquito más. En su primero se mostró porfión y por encima de un novillo sin clase, con la cara siempre alta y al que le costaba embestir. En su segundo, se fue a la puerta de chiqueros para esperar a su oponente a porta gayola, gesto de gran riesgo pero que hoy por hoy no tiene eco en los tendidos, a no ser que el torero salga volteado. Así está el torero, qué le vamos a hacer. Ejecutó la mejor faena de la tarde, con ligazón y pasajes de buen toreo con la derecha, destellos sevillanos, y recortes trianeros. No llegó a culminar y rematar, y el desacierto con la espada le impidó obtener algún trofeo.

Alfonso Cadaval me recordó a Pepe Luís Vázquez hijo, con un toreo de detalles y gestos muy del barrio de San Bernardo. Quizá le tocó el mejor novillo, el tercero de la tarde junto con el quinto de la suelta, humillando pero falto de fuerza. En el que cerraba plaza nunca llegó a entregarse, porque el de Peñajara era reservón, bronco y probón. Le faltó alguna novillada más para resolver exitosamente la papeleta.

Cuando el año que viene los aficionados portuenses volvamos a reivindicar que pongan a los toreros de El Puerto, quizá tengamos que mirarnos el ombligo y entender a la empresa, pues hoy hubo poco paisano en los tendidos. Si no hubiese sido por los sevillanos, el personal de plaza hubiera ganado por goleada al público asistente. Una lástima, pero si nuestro primer edil tampoco va a ver a Daniel Crespo, no podemos pedir peras al OLMO. Ni entradas. Esperemos correr mejor suerte cuando debute un novillero de Ceuta.

 

FICHA DE LA CORRIDA

Novillos de Peñajara, bien presentados, encastados en general. Buenos tercero y quinto. Menos de un cuarto de entrada en tarde agradable.

DANIEL CRESPO: Estocada caída y atravesada, y cuatro descabellos (ovación y saludos); aviso antes de entrar a matar, y media lagartijera (oreja).

PABLO AGUADO: Estocada tendida (ovación y saludos); dos pinchazos y estocada tras aviso (vuelta al ruedo).

ALFONSO CADAVAL: Estocada casi entera atravesada y caída, y cuatro descabellos tras aviso (ovación y saludos); pinchazo, pinchazo hondo, y media delantera atravesada, y cuatro descabellos tras aviso (silencio).

Comentarios

Debes registrarte para escribir un comentario Nombre