Conversaciones con… José María García López

José María García López.

José María García López.

Javier.- Buenos días José María. Nos conocimos ayer en la interesantísima conferencia que diste sobre lectura e interiorización del Quijote, por lo que te agradezco, más si cabe por la rapidez de tu aceptación, que hayas accedido a mantener esta conversación conmigo, robando tiempo a tus actividades.

J. María.- Bueno, todo eso de lo de Cervantes ha sido un placer para mí, porque el club de lectura ha contado conmigo igual que la Biblioteca Municipal de El Puerto de Santa María, suponiendo que yo tenía alguna autoridad y no tengo ninguna autoridad técnica sobre Cervantes, solamente soy un lector apasionado del Quijote, y no solo del Quijote, sino de la obra de Cervantes y ese ha sido el camino para que nos conociéramos. Yo me dedico a escribir, entonces más bien ese sería el aspecto de la conversación. Yo fui profesor durante bastantes años y simultaneé siempre la literatura con la enseñanza, y ahora llevo unos años en los que me dedico solamente a esto.

 

Javier.- Hay que tener valor para dar el salto…

J. María.- No, no he tenido valor porque yo ya tengo edad para jubilarme, es decir para pasarme… No es cuestión de valor, es cuestión de oportunidad de la vida, de las que suelen venir así, de una manera natural.

 

Javier.- Es importante saber aprovechar las oportunidades que nos ofrece la vida, hay mucha gente que no lo hace.

J. María.- Si uno tiene la sensación de vivir un destino, aunque parezca un poco altisonante, desde hace muchísimos años, desde prácticamente la infancia por la literatura, por la lectura y por la escritura, pues ya se convierte… No es un placer, no es un hobby, sino que es casi una obligación. Yo si no escribo no estoy bien. (José María hace una pausa para tomar un poco de café, y continúa).

Pues ahora, a propósito de esto de Cervantes, me volvieron a insistir en que hiciera alguna otra intervención, (ya estoy interviniendo mucho sobre Cervantes) se me ha ocurrido una idea, que no se me ocurrió ayer, me dijo Carmen Moreno. Yo tengo un libro que se llama El corazón de la piedra, que se publicó hace dos años, que es un libro muy cervantino. ¡Modestia aparte! En el sentido de que hago un homenaje a Cervantes y al Quijote. Es una historia, más bien centrada en un músico, en Tomás Luis de Victoria, que es un polifonista llamado El Abulense, y no le he escrito porque también yo sea abulense, sino porque se me planteó hacer una novela ambiciosa, sobre un personaje nada novelesco, porque fue un cura estudioso de la música polifónica, que vive recluido veinte años en Ávila, en la catedral. Otros veinte años estuvo en Roma, y otros veinte años estuvo en el convento de las Descalzas Reales, de Madrid. Ahí conoció a sor Margarita de la Cruz, archiduquesa de Austria y en esa relación, inventada un poco por mí, se urde la novela, El corazón de la piedra y Cervantes es muy protagonista, porque Cervantes, en cierto modo, son vidas paralelas en cuanto a la creación, a la estética. Cervantes, Tomás Luis de Victoria y algunos críticos incluyen al Greco, aunque el Greco es un poco más barroca, más deformado, pero son grandes hitos de la cultura española del Siglo de Oro.

 

Javier.- Un siglo que, curiosamente, aunque aparece en los libros y “todo el mundo conoce”, si te pones a profundizar, te das cuenta de que muy pocos han leído a Lope, a Góngora, a Quevedo, etc. Cuyas obras, al reflejar la sociedad de su tiempo, tiene plena actualidad hoy en día.

J. María.- Sí, esperemos que se vuelva a considerar eso. Pero vamos a ver, tenemos obras tan maravillosas como La celestina, como El lazarillo de Tormes, la novela picaresca picaresca, el romancero viejo… Son cosas que no se leen y claro, cada día se leen menos. Vamos a ver, desde que he sido profesor, yo podía leer para los alumnos de letras el Quijote. Se podía leer porque los alumnos atendían, hasta que ha llegado un momento en que era imposible. Primero, por los planes de estudio, por el escaso tiempo que había, por la fusión de la lengua y la literatura. Dar todo junto, ¡por pildoritas naturalmente! Y ya ponerte a leer el Quijote… En los últimos años decía: “vamos a leer los diez últimos capítulos del Quijote que, al fin y al cabo, te resumen mucho la obra y alguno, a lo mejor, habrá, que sí que ocurría, que le interese el libro y se ponga a leerlo.

 

Javier.- Cambiando un poco de tema. He podido comprobar que, en los últimos años, se ha producido un cambio sustancial en la producción literaria (y hablo desde mi punto de vista) en el que las obras potencian, en sus protagonistas o su trama, actitudes asociales, cuando no claramente antisociales que, cuando se llevan al cine (Tengamos en cuenta que, hoy día, la mayoría de la gente conoce la existencia de las obras literarias cuando se hacen películas o series, basadas en ellas) de alguna forma, pervierten los valores de la vida en sociedad.

J. María.- Bueno, no. El problema de los antihéroes en la literatura no es solo… El problema no es que sean antihéroes, o que haya una pseudodemocratización de la cultura por ese lado, ¿no? ¡Consumo! El consumo unifica. Hoy todo es consumo, también el arte es consumo, también el pensamiento es consumo. Entonces no es verdad, eso no es cierto. Las obras literarias, o las obras pictóricas, no pueden hacerse en función del público. ¿Cómo es el público? ¿Cómo es la media del público de una ciudad, de un país? Entonces, en función de eso, según lo que el espectador o el lector, está dispuesto y está preparado para desentrañar, entonces yo, así compongo, así escribo, así hago mi cine… No, para mí, eso es contravenir absolutamente el sentido, el núcleo del arte, que es una provocación, en el sentido de profundizar en lo que son cosas misteriosas, en el ser humano, en la sociedad. En la literatura el problema, no es que sean solamente los antihéroes, eso son oscilaciones. Hay un antihéroe que es el pícaro Lázaro de Tormes, que es una de las obras maestra de la literatura española y mundial, y no es un dechado de virtudes precisamente, y sin embargo está ahí, ¿pero porqué? Porque era un reflejo de una época, y está escrito con una originalidad, con un ingenio. Eso es lo que tiene que plantearse el arte, hacer lo que no es habitual, sino la provocación, hacer, indicar, señalar un camino que es un camino inédito, un camino no trillado. Si se hace un arte para un camino trillado, para consumidores, pues se va degradando, el arte y el pensamiento.

 

Javier.- José María, tú has escrito y publicado varios libros, varias novelas. Es difícil hacerlo, tienes que documentarte pero, aparte de reunir la documentación necesaria ¿Que dificultades entraña escribir una novela?

J. María.- Bueno documentación, para algunos casos hace falta documentarse. Yo creo que, desde los años cincuenta, desde la época de Delibes, Aldecoa y esos grandes escritores que tenemos en España, ya no se concibe la literatura en prosa sin documentación. Ferlosio, Goytisolo… Eran capaces de escribir solamente de oído, el oído que ponían al mundo, hoy ya la literatura necesita una documentación. La documentación es más fácil, es mucho más asequible. Desde La ronda del pecado mortal, mi primera novela publicada, que no había internet, ni yo tenía siquiera ordenador, y claro, ¿Como me documentaba yo? Pues leyendo muchos libros, yendo a bibliotecas, cosa que ahora, cuando he escrito El corazón de la piedra, tenía una información abrumadora de libros, de publicaciones, de artículos… Bueno, la novela es como la imitación de un mundo ¿No? El que escribe una novela es un ser pretencioso en general ¿No? ¡Salvo que haga una novela de consumo! Pero, en general, intenta hacer como un remedo de un mundo posible, donde las cosas, pues como Cervantes en el Quijote, con la amargura de uno que sabe que no se va a cumplir ese ideal caballeresco que tiene en la mente. Es un poco eso, una gran novela. Los demás somos un poco imitadores de ese mundo que intentas reproducir o inventar.

 

Javier.- José María, sé que hoy tienes cosas que hacer y no quiero robarte más tiempo. Si por mí fuera no terminaría nunca esta conversación ya que, hablar contigo, me resulta un auténtico placer, pero todos tenemos obligaciones que cumplir. Dicho esto, solo me resta desearte el mayor éxito par tu última novela, y darte las gracias por la cortesía que has tenido para conmigo.

 

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