Conversaciones con… Diego Simón Montes, “El Bimbo”

Diego Simón Montes, “El Bimbo”.

Diego Simón Montes, “El Bimbo”.

Javier.- Buenas tardes Diego, no te conocía hasta ahora, pero nuestro amigo José María me ha comentado que eras una persona con la que merecía la pena charlar, porque has hecho cosas muy interesantes que me gustaría conocer, así que si te parece, mientras preparan ese ajo caliente con el que participa la peña en el “Día internacional del ajo caliente”, puedes, si te parece, contarme algo de lo que has hecho.

Diego.- Sí hombre, he toreado en El Puerto trece veces, he toreado en Madrid también, he toreado en Aranjuez, también en Talavera de la Reina. He hecho mis cositas y ahora lo que pasa es que hago tentaderos, precisamente pasado mañana voy a uno con Dávila Miura. Vamos a ir a la ganadería de Ernesto Campos Peña, y no me pierdo una porque como estoy jubilado me dedico a hacer mis cosas. Juego al fútbol, estoy jugando un campeonato de veteranos, no fumo, estoy muy bien.

 

Javier.- Es decir, que llevas una vida intensa.

Diego.- Sí, es una vida intensa porque yo empecé en el toro muy mayor. Empecé con treinta y ocho años que hice la presentación en Rota, porque siempre he sido aficionado, pero por mi trabajo y mis cosas que hacer en la vida, tenía una familia y lógicamente, yo sabía que en el mundo del toro… Muchas veces me han preguntado por mi reto y siempre he dicho que yo no tengo reto, porque lo que he tenido es afición y mucho amor al toro, me ha gustado esto mucho y he luchado por lo que me ha gustado, pero como aficionado práctico, nunca con ideas de retos, si no de sentimientos. Tengo las sentimientos del toro y ver una corrida para mí que, hasta el “Bombero torero”, a esa voy.

 

Javier.- Un gran personaje del toro el Bombero torero.

Diego.- ¡Sí! Bueno, de su espectáculo han salido figuras del toreo como Ortega Cano, Manolete y muchas más figuras. Yo toreo aquí todos los años con el Bombero torero, y este año están liados conmigo a ver como lo hacemos y puede ser que también lo haga.

 

Javier.- A mí me gustan los toros de toda la vida, me viene de familia. Un tío mío, que en paz descanse, estaba abonado al “tendido 7” y no se perdía una corrida.

Diego.- ¡El tendido polémico de Madrid!

 

Javier.- Si señor, el tendido polémico, pero pienso que a Las Ventas va mucho turista que no entiende de toros y en cuanto el matador termina la faena, sea buena o mala, flamean los pañuelos y los del “7” son mucho más críticos.

Diego.- ¡Es que Madrid es muy especial! Madrid es una plaza de toros que lo que agradece mucho es la disposición del torero, guste más o guste menos, pero la disposición, que vean que está dispuesto a jugársela es muy importante en Madrid. Después sus problemas, porque Palomo Linares, que es muy amigo mío, Sebastián tuvo muchos problemas para entrar en Madrid y cuando entró iba de figura, pero le costó mucho trabajo. Ha habido toreros que eran los toreros de Madrid, y otros a los que les ha costado mucho trabajo entrar, porque Esplá es torero de Madrid, Joselito es torero de Madrid. Todos esos toreros tienen más habilidad en el momento de estar en la plaza de toros, están más templados porque saben que los que están allí están con él.

 

Javier.- Perdona que cambie de tema, pero mejor háblame de ti mejor que de otros toreros, porque lo que yo quiero es conocerte a ti y conocer tus experiencias delante del toro.

Diego.- Estar delante del toro es muy difícil. Cuando yo empecé, tenía treinta y ocho años y había ido muy poco al campo. A mí me pasó como al Cordobés, aprendí a torear en la plaza a base de porrazos. Me acuerdo que un empresario muy conocido me dijo: “¿Tú serías capaz de torear una novillada sin caballos en la feria de Rota?” y yo le contesté que no estaba preparado para eso, no había salido al campo… -No, te vamos a echar un novillito preparadito para ti, recogidito, bajito ¡te va a gustar! Cuando me lió ese hombre, me pasé una semana sin dormir, porque yo pensaba “esto es un lío ¡Madre de mi alma!”, claro anunciaron y como yo era tan conocido, porque llevaba veinte años con Bimbo en esta zona (por eso me dicen El Bimbo) lógicamente era muy conocido y llevé autobuses de aquí, de San Fernando… La ruta que yo hacía, poniendo carteles en todos sitios en que entregaba y fue mucha gente a verme. Aquel día me dio una paliza el novillo que me dejó “medio majarón” pero dije yo para mí: Esto pasa como en el boxeo, cuantos más palos te dan… Enseguida me salió otra novillada en la sierra. Empecé de esa manera, aprendí a base de porrazos.

 

Javier.- Duros principios, hay que tener mucha afición para aguantarlos.

Diego.- Hay una anécdota que me ocurrió con una persona que tú conocerás, don José Barrilaro Martínez, empresario de aquí de El puerto, que cuando vio que yo corté un rabo en un sitio que fui, me dijo -¿Tu quieres torear en El Puerto?- Me dijo -Uff don Enrique, torear en El Puerto son palabras mayores- Le respondí. -Te voy a poner una novillada- Insistió. -Sí, pero me trata Vd. bien- Yo siempre iba cuidado porque yo no estoy para eso. -No, no te preocupes- ¡También me dio una buena paliza aquel día! El novillo salió más malo que… Y entonces aquello me sirvió a mí para entender lo que era el toro. Resulta que me puso cuatro veces en El Puerto y ya no me llamó más. Preocupado por ello (él paraba en el Sol y Sombra), llamé un día y le dije -Don Enrique, por favor, le voy a hacer una pregunta, que aunque sea indiscreta Vd. me la contesta si quiere, y si no, no me la contesta. ¿Porqué no me ha vuelto a llamar, no me ha llamado más?- Y me dice -Porque ya tú no eres el que eras- Y le digo -Deme Vd. una explicación, porque de coeficiente soy cortito, Vd. es más largo que yo, dígamelo Vd.- Y me dice -Antes te cogían los novillos y la gente iba a verte, porque te cogían muchas veces, y ya has aprendido y no eres el que eras y ya no le das coba a nadie, ya no eres el que eras- Fíjate la explicación que me dio. Y yo pensé ¡Hijo …! ¿Qué quieres, que me mate? Y aprendí mucho de este hombre, era un bohemio, pero sabía mucho de toros.

 

Javier.- Me has contado tus principios, duros principio, pero ¿Cuánto tiempo estuviste con el toro?

Diego.- Pues todavía sigo, ahora precisamente quiero torear con Morante un festival que se hará en La Puebla a beneficio del cáncer, pero es para octubre. Ya él me ha dicho – Tú eres capaz- Y le he dicho. -Yo soy capaz- Yo es que soy muy arriesgado, digo que lo hago y voy, porque como estoy enamorado voy, y voy de verdad. No voy con medias tintas, yo es que me la juego. Muchas veces me dicen: “¡Quillo tranquilo, que tú ya no vas a ser figura del toreo!” Bueno, pero quiero agradar, quiero ver que la gente disfruta conmigo, lo que no quiero es pasar, para eso me quedo en mi casa o lo veo en la grada, y me gusta, y como estoy haciéndolo… Hay una cosa muy importante en mí, que cuando podía no sabía y cuando se, no puedo.

 

Javier.- Eso es lo que ocurre en la vida.

Diego.- Yo con treinta años no sabía del toro lo que se hoy.

 

Javier.- Creo que a todos nos pasa un poco lo mismo, cuando eres joven tienes que dejar tus aficiones a un lado para sacar tu vida adelante, sobre todo si tienes una familia, y cuando lo has hecho y puedes dedicarte a ellas, ya no tienes las condiciones físicas necesarias.

Diego.- Es lo que me pasó a mí. Yo con veintinueve años tenía cuatro hijos, pero yo tengo mucha fuerza, voy… Cada vez que voy a los tentaderos, cuando he ido con Morante, cuando he ido con Dávila, y sale una vaca y me dicen: -¿Diego te gusta?- Les he dicho -¡Con papas! porque te he visto a ti bregando con ella, que eres un profesional y te está dando problemas, pues fíjate los que me va a dar a mi- Pero cuando sale una chochona, como le decimos nosotros, esta sí. Le pega él cuatro o cinco tandas y me la deja a mí. Tampoco puedo aspirar a otra cosa.

 

Javier.- Pero disfrutas lo que haces. Lo importante es disfrutar en la vida.

Diego.- El otro día estuvimos en la ganadería de Campos Peña. Eso está en Villamanrique de la Condesa, no sé si lo conoces.

 

Javier.- No, no lo conozco.

Diego.- Eso está en Huelva, y el ganadero es muy amigo mío desde hace años, y me dijo que fuera que iban a hacer una fiestecita (era el cumpleaños de un hijo suyo) Total que me fui… Echó cuatro vaquitas, llevó dos cantaores de flamenco, dos guitarristas, allí puso gloria bendita, y echamos un día…

 

Javier.- Es que son dos cosas que van íntimamente ligadas, los toros y el flamenco.

Diego.- Íntimamente ligadas, allí había un gachón cantando por Toronjo, de unos veinticinco años… Osú como era el tío. ¡Fíjate si es tío es listo! Escribe sevillanas, estuvimos hablando un rato, se fue al coche y me sacó una sevillana, y cuando volvió dice -Ahora le voy a dedicar al maestro (como me dicen a mi) una cosita que he hecho para él- y me cantó una sevillana que no la tiene ni Palomo ni nadie. ¡Qué arte! Lo pasé bomba.

 

Javier.- Pues si te parece, vamos a seguir pasándolo bomba con ese ajito caliente, que Manolín nos está llamando, y mientras lo degustamos seguimos charlando con el resto de la gente.

 

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