Conversaciones con… la Feria de Primavera

Disfrutando de la feria en buena compañía.

Disfrutando de la feria en buena compañía.

Javier.- Buenos días vieja amiga, no sabes lo que me alegro de volver a verte y además tan bonita y tan lozana como siempre. ¡Parece que por ti no pasa el tiempo! ¿Sabes que el conocerte fue la causa de mi venida a El Puerto?

Feria.- Hola Javier, te he echado de menos estos últimos años y me alegra verte de nuevo. ¿Qué te pasó para no visitarme? ¿Te defraudé en algún momento? Si fue así, perdóname por ello ya que nunca tuve intención de hacerlo. Siempre procuro acoger a los que me visitan con el mayor cariño.

 

J.- ¿Defraudarme? ¡Nunca! ¿Qué te hace pensar eso? Fueron circunstancias de la vida y el trabajo lo que me impidió visitarte.

F.- No sé, quizás las críticas que escucho a algunas personas cuando me visitan. Que si el botellón, que si estoy sucia, que si se escuchan menos sevillanas, que si hay menos casetas… La verdad es que intento que todos se sientan a gusto, pero no siempre lo consigo y estoy echando en falta a algunas personas.

 

J.- No te preocupes, nunca llueve a gusto de todos. Además, el ser humano tiene tendencia a no valorar en su justa medida lo cotidiano, lo que para él es normal y da por sentado que va a ocurrir.

F.- Pero ya tengo muchos años y quizás por ello, las cosas me afectan más. Fíjate, empecé como feria de ganado y me visitaban por las mañas ganaderos de las diferentes localidades de la comarca para realizar sus ventas -En aquellos tiempos de economía agrícola no había otra forma de hacerlo- Luego, por las noches, celebraban el resultado de sus tratos en la Feria de la Victoria. ¡Yo era importante en esa época! Con el paso del tiempo desapareció la feria de ganado y solo quedé, eso sí con más horario, en el Parque de la Victoria. En mil novecientos setenta me instalé en Crevillet y en mil novecientos ochenta vine al Recinto Ferial de las Banderas, donde estamos ahora…

 

J.- ¿Y eso te preocupa? No debería, al contrario tendrías que estar orgullosa. Tienes el don de rejuvenecer cada año, de ser la misma siendo diferente y seguir ofreciendo y enseñando a los que te visitan lo mismo que, hace ya más de treinta años, mostraste a un madrileño orgulloso, que no vivía la vida sino que la corría por encima, que la vida hay que disfrutarla sin prisas y que, aun hoy, existe un sitio donde todos podemos vivir en igualdad, independientemente de status, origen, edad y todas esas barreras que nos impone la sociedad. Donde no te sientes extranjero porque cualquiera te acoge y te integra en su grupo con una cortesía y amabilidad digna del mejor diplomático. Donde reina la amabilidad, el buen humos y la caballerosidad hacia las mujeres, esas mujeres de las que no puedes apartar la mirada, esas mujeres con esa belleza atemporal, y a la vez muy real, que les proporciona el traje de faralaes que realza sus cualidades -Nunca he visto una mujer vestida de flamenca que sea fea- Y por encima de todo con el maquillaje que llevan, que nunca se gasta, que no cuesta nada y es el que mejor les sienta: ¡La sonrisa! Esa sonrisa que, sobre todo cuando bailan sevillanas, las hace brillar como una constelación de soles que te iluminan más y mejor que todos los farolillos que puedan ponerte y que, ante su sonrisa y el brillo de sus ojos, palidecen.

F.- Te estás poniendo nostálgico.

 

J.- Debe ser por los efectos del vino.

F.- En algo tienes razón, trato de reinventarme cada año para que todo el mundo tenga su sitio, pero aún así.

 

J.- No hay pero que valga. Aunque los tiempos cambien, se beba menos fino y más cubatas, suenen menos sevillanas y suene más la salsa. Aunque exista una zona de botellón para los jóvenes, tu espíritu sigue siendo el mismo, que la gente se reúna para divertirse en un ambiente de amistad y respeto, independientemente de sus gustos y su edad. Los jóvenes siguen vistiendo de faralaes o de traje corto, hasta el punto de que ha nacido una nueva industria de confección a su alrededor. Las mismas personas que bailan los nuevos ritmos, abarrotan las pistas cuando suena una sevillana. El fino sigue corriendo y el ambiente que se respira es el mismo. Puede parecer que ya no te aprecian como antes, paro a pesar de la oferta de fiestas y diversiones, tan amplia hoy en día, todos siguen esperando tu llegada cada nuevo año.

Y ahora, con tu permiso, voy a seguir disfrutando de lo que me ofreces, que ya he dicho bastantes tonterías. Culpa al vino por ello.

 

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